Entré en un casino, que hermoso casino, debo reconocer. El arte colgado de las paredes, tantas emociones, recuerdos. Siempre había estado cerca, pero jamás me había dado el tiempo de entrar en él, un casino, apuestas, irracionales, sin sentido; no, no es mi lógica. Pero ahora estoy aquí, dentro de juego, y me siento cómoda, extrañamente cómoda, familiar, me aterroriza un poco la sensación que tengo.
Hay demasiadas maquinas traga monedas, no creo que me interese jugar en ellas, es como una inversión sin retorno, no me atrae. Al fondo del gran salón, sin embargo, hay un juego que me llama la atención, una ruleta rusa, me están esperando para jugar, es mi turno de apostar.
Nunca me ha llamado la atención el azar, pero esto no es azar, esto es una apuesta y aunque tú no veas la diferencia, si la hay. Ambas tienen valor esperado de cero, pero en la apuesta la variabilidad es mucho mayor. Sólo dos números me llaman la atención, 23 rojo y 33 negro. Estoy poniendo mis fichas en el 33 negro, ¿Por qué? No entiendo, ¿Dónde está la lógica tras esto? ¿33 Negro? Voy a perder, el juego está arreglado, lo sé, va a ganar 23 rojo, ahí gano, pero mi apuesta es extraña. Me dirán que es azar, pero no es azar, es una apuesta y estoy apostando a perdedor, aun cuando si corro mis fichas, voy a ganar… estoy perdiendo, mientras todos esperan ansiosos que ocurrirá, yo tengo claro el desenlace, aposté todo y me voy sin nada, sabía que debía retirarme a tiempo o cambiar de apuesta, y aún así fui hasta el final. Perdí sabiéndolo, no fue azar, aún cuando me digas lo contrario, yo aposté y perdí, no fue azar…

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