sábado, 21 de julio de 2012

Carta número 2

Como siempre, no pude. Toda la decisión duró hasta el medio día, hasta que tus brazos me abrazaron y me derretí. Esta vez sólo peleamos, y todas las ganas que tenía de ti quedaron sin concretarse, sin que tus brazos sean más que pequeños destellos de recuerdos.

Eso es lo que somos, tu y yo, pequeños reflejos. Quiero dejarte, necesito dejarte, necesito olvidarme de ti, cada fin de semana es lo mismo, cada mañana es lo mismo, cada noche en mi cama que tiene tu figura marcada, yo sola, perdida sólo quiero dejar de adorarte.

Cada noche, cuando prefiero morir, tu silueta arde en mi cama, me inunda y sucumbo a tus brazos que en sueños llega.

Tuve un sueño, soñé que estabamos juntos, cenando, felices y te llamaban por teléfono para avisarte que ella estaba en coma, que se había intoxicado con agua bendita; y tú salias corriendo me dejabas ahí. Coma? Agua bendita? Creo que es claro que para mi ella es casi una santa que no ve, que no es consciente de todo lo que pasa entre nosotros, pero lo peor es que en lo profundo de mi cabeza, sé que cuando yo te necesito no estás ahí para mi, pero si ella está mal, nunca la dejaras. Nunca la dejaras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario