Ambos sabíamos a lo que íbamos, caminando juntos, cerca, rodeados de multitud y al mismo tiempo una intimidad aterradora. Hablamos del clima y del futuro, del café y las expectativas, viajamos en un día por tierras lejanas que envolvieron nuestro caminar volviéndolo uno...
Entramos, ese lugar era nuestro. Dolorosos besos compartidos, sentía como la sangre corría por nuestros labios, era demasiada pasión para estos débiles cuerpos. Las caricias se tornaron fuego y vi como tus ojos se transformaban al paso del tiempo.
Poco a poco nuestras armaduras fueron desapareciendo, caían pesadas a nuestro alrededor... y sin dejar nada al azar, comenzó la más cruel de las batallas, esa en la que no vale la experiencia, ni las condecoraciones, donde el dinero es nada y lo único que importa es la esencia.
El cúlmine de una larga espera, el inicio de un nuevo tormento, fue como retroceder en el tiempo y fingir que no existimos, que no eramos nada, que no seremos nada.
Una cruel sonrisa y una mirada perturbadora, la esencia, el inicio. Llegamos al punto más alto de la conexión y nuestras esencias bailaron, danzas dispares, heterogéneas, nuestra esencia, nuestra intimidad.
Era nuestro lugar, cálido, acogedor. Afuera, un terremoto; adentro, un huracán.
Sin darnos cuenta pasó una vida, ya eramos viejos, ya caminabamos lento, ya no nos tomábamos de la mano, ya no había intimidad, una sonrisa por cordialidad, y un olvido eterno. Había pasado toda una vida esperando para vivir, que la vida perdió su sabor.
Entramos, ese lugar era nuestro. Dolorosos besos compartidos, sentía como la sangre corría por nuestros labios, era demasiada pasión para estos débiles cuerpos. Las caricias se tornaron fuego y vi como tus ojos se transformaban al paso del tiempo.
Poco a poco nuestras armaduras fueron desapareciendo, caían pesadas a nuestro alrededor... y sin dejar nada al azar, comenzó la más cruel de las batallas, esa en la que no vale la experiencia, ni las condecoraciones, donde el dinero es nada y lo único que importa es la esencia.
El cúlmine de una larga espera, el inicio de un nuevo tormento, fue como retroceder en el tiempo y fingir que no existimos, que no eramos nada, que no seremos nada.
Una cruel sonrisa y una mirada perturbadora, la esencia, el inicio. Llegamos al punto más alto de la conexión y nuestras esencias bailaron, danzas dispares, heterogéneas, nuestra esencia, nuestra intimidad.
Era nuestro lugar, cálido, acogedor. Afuera, un terremoto; adentro, un huracán.
Sin darnos cuenta pasó una vida, ya eramos viejos, ya caminabamos lento, ya no nos tomábamos de la mano, ya no había intimidad, una sonrisa por cordialidad, y un olvido eterno. Había pasado toda una vida esperando para vivir, que la vida perdió su sabor.
