domingo, 20 de septiembre de 2009

Han pasado unos meses desde que él llegó a trabajar a esta oficina y sigo sintiendome igual de vulnerable. Mis amigas afirman que he cambiado, ya no soy tan decidida como antes, tan fuerte, me ven más vulnerable y lo peor es que me siento así. Si supieran que es por él.

Tengo constantemente la sensación de que mi mundo se congela cuando lo tengo cerca, todo el resto es invisible y ya no lo tolero. Desearía olvidarme de él completamente, ya no soporto esta extraña sensación de constante angustia y extraños deseos de verlo, no quiero seguir mirando al cielo y pensando en su nombre o acordandome de él con cada detalle de la rutina, me siento ridícula, como viviendo una etapa de mi vida que ya no me corresponde, quiero ser capaz de decidir, pero temo arrepentirme, no quiero más engaños.

El problema claramente es él; no había hecho el proceso de selección, por lo que nunca tuve su curriculum en mis manos y no había tenido la oportunidad de conversar con él el tema, no entendía porque sentía que para él era más complicado que para mi esta fuerza que existe entre ambos, una poderosa fuerza de atracción que desiquilibra nuestros mundos, si a mi ya me atormenta el sentimiento y sé que es mutuo, ¿Por qué sentía que era peor para él? Un día de la nada llegó la respuesta, estaba sin ninguna planeación de fondo sentada al lado de él dandole unas instrucciones en la oficina cuando suena su celular, era su hija, lo vi tan tierno conversando con ella que me enamoré aún más de aquel ser tan perfecto, posterior a que colgara el telefono y me mirara con su rostro ladeado evitando mi mirada para no sonrojarse o para no tiritar vino la ineludible pregunta, seguida por una ineludible respuesta.