Acaba de salir de una extensa reunión, agobiada, complicada, su mundo está lleno de cosas, no logra ordenarlas todas... pide un café, como siempre y se va absorbida en sus pensamientos... la casa, su hijo, el trabajo, en todas partes debe cumplir...
Lo peor que le podía ocurrir, un nuevo proyecto, prioridad altísima, necesita apoyo, no puede trabajar tanto, necesita que alguien la apoye, quizás fue la peor elección de su vida.
Necesita a alguien competente, que maneje tanto la teoría como la práctica, con experiencia porque no puede perder tiempo en el proceso inductivo, necesita que alguien sepa lo que debe hacer con sólo una mirada... llega la terna, tres nombres, tres historias, tres currículos... uno en particular le llama la atención, cree conocer al postulante, verifica sus datos para encontrar concordancia y efectivamente había un lugar: la Universidad, al parecer si había un lugar pero ¿Por qué no se acordaba de él? Quizás no tenían ramos juntos, pero su cara le es tan familiar... él es el idóneo, su instinto se lo dice, lo llama para la entrevista, no puede hacerla, confía en la decisión de su compañero, él es el indicado, que comience mañana...
Al entrar a su oficina al día siguiente la siente distinta, no es igual, algo es diferente, es cierto!!! el tipo nuevo!!! siente que es oportuno darle una bienvenida, para que sepa quien es la jefa y para que se ponga a trabajar de inmediato, el proyecto espera, lo manda a llamar y cuando cruza el umbral de la puerta entiende el porqué... es él
Que tal si parto de cero?
Hace 14 años
